Corría la tarde del martes ocho de Junio. Un frío horrendo, mi cabeza llena de preocupaciones por mi sobreexigida carga académica típica del período de certámenes universitarios, no mucho que ver en la televisión, y un resfrío inminente que me pegaron por ahí.
Por primera vez tomé consciencia de mi no-inmunidad, y me fui a duchar a eso de las siete y media, para no desatar ese resfrío que veo venir. Una vez que salí del baño, mi mamá reportó la llegada d una caja de bombones a mi nombre, cuyo remitente se desconocía puesto que la parte donde debían venir esos datos estaba borrosa. Y mi ingenua madre no tuvo jamás la idea de preguntarle al señor de Chilexpress si sabía algo al respecto.
- "Un admirador secreto", dijo mi hermano.
De aquí a dos horas, voy a saber quien fue, pensé ilusamente.
Y aquí me ven, ya pasó un día, es hora de almuerzo, y sigo sin saber nada de mi admirador secreto.
De todos modos, esta entrada de blog la creé con un objetivo. Utópico, sí, pero bueno, es lo que hay. No pienso enviar una carta a Las Ultimas Noticias para dejar este recadito. (además, supongo que si el admirador secreto existe, algo tiene que tener de psicópata, y por ende, sabrá de la existencia de este blog y se dignará a responder...)
Estimado señor Desconocido, que me envió una caja de bombones marca PRIVILEGIO:
Junto con saludarle, y esperando que se encuentre bien, que no tenga frío y que esté usted también comiendo chocolates en este momento, hago uso de este espacio para darle mis agradecimientos por tan lindo gesto de caballerosidad hacia mi persona. Aprovecho la instancia para comentarle además que me agradó la sorpresa, fue algo así como una inyección de "ego de día martes", y bueno, como es lógico, su misión puede darse por cumplida, ya que amo los chocolates más que la vida misma, y su identidad sigue siendo un misterio para mí. Le advierto, eso sí, que en lo personal encuentro que los misterios tienen un gusto dulce sólo durante un corto lapso de tiempo; luego de ello pierdo el interés, por lo que ruego a usted que me haga saber su nombre. Ya estamos grandes para estos jueguitos de tirar la piedra y esconder la mano, no?
Por otra parte, señor Desconocido, me veo en la obligación de aclararle que mi situación sentimental actual está lejos de la soltería, por lo que, como creo que es capaz de deducir, ya tengo quien me regalonee y me obsequie cosas. No me malentienda, por favor. No es que no me guste recibir chocolates por correspondencia, al contrario; es simplemente que puede tener la certeza que con ello no se gana mi corazón ya ocupado.
Esperando que entienda mi punto, y que siga enviándome chocolates (ojalá sin relleno de licor la proxima vez), se despide attentamente, Pali Sandoval.