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4 de julio de 2010

Comunicado Oficial.

Estimado Señor Díaz:
Comunico amablemente a usted que mi plan maestro de la semana, junto con intentar agregarle horas al día para verlo y volcarme de cabeza a los dos certámenes que me han fijado, consistirá en eliminar al encargado de hacer llover. Sí, eso mismo que acaba de leer. Dejaré tranquilos a los meteorólogos; ellos no tienen la culpa de los constantes cambios anímicos y mucho menos de la personalidad bipolar de ese imbécil que hizo que lloviera toda la noche, y al que ahora se le antojó hacer salir a mister Sol. Extiendo a su persona la presente invitación, con el propósito de llevar a cabo el crimen perfecto que nos permita aniquilar para siempre la "Maldición de los Domingos".
Se despide cordial y afectuosamente, Paula Sandoval.

PD: ¿Se entiende claramente ahora el porqué no soy buena haciendo planes?
PD2: ¿Notaste que esta vez no firmó ni la Pali, ni la Pippi, ni la Dendrita? (Sí, firmó Paula Sandoval porque se trata de algo serio y formal. Y ¡te juro que estoy seria!)
PD3: En esta ocasión exijo una respuesta. Necesito saber en qué momento de mis ocupados días iré (o iremos, dependiendo de su respuesta) a asesinar lenta y dolorosamente a ese canalla cambia-lluvia-por-sol-en-un-instante.
PD4: ¿Blogspot tendrá la opción de etiquetar personas? Si no es así, deberían inventarlo...

26 de marzo de 2010

Voluntariados.

Sí. Post-terremoto, "Voluntaria/o" es la palabra que la lleva. Todos, o casi todos, quieren ir a meterse a ayudar a algún lugar. No lo critico, encuentro que es una buena actitud y que por ahí se empieza. Lo que no me agrada es que muchos lo hagan sólo por aparentar, por el qué dirán, o para salir a pasear y ver cómo es la devastación completa en vivo. Es ahí cuando me ofusca la gente. Porque muchos de los llamados voluntarios no lo hacen porque les nazca extender su mano a quien lo necesita, sino que en realidad sólo se auto-ayuda a el mismo, subiéndose el ego y el estatus frente a los demás jactándose del "yo soy/fui voluntario durante el terremoto".

Pero la realidad del mundo del voluntariado es extremadamente opuesta. Nada de esto es un juego. Es una pega como cualquier otra, con la única diferencia que no hay remuneración de por medio. O bueno, quizás sí hay un pago. "Su sonrisa es mi sueldo", como dicen los clowns, se vuelve la frase más llenadora del mundo. Y el hecho de que no me paguen, de que cada voluntario se traslade por sus propios medios e invierta su tiempo para entregárselo a los demás, hace que muchos de estos "voluntarios pintamonos" duren menos de un par de días cumpliendo su labor.
Lo otro que me cae realmente mal respecto a este tema es que estos chicuelos que aparentan ser voluntarios ni siquiera busquen una actividad apropiada a ellos mismos para intentar ayudar. A modo de ejemplo: Una chica abc1, que ni siquiera sabe utilizar un martillo y que le tiene asco al polvo, va a alistarse con un grupo de chicos de "Un techo para Chile", con el fin de construir casas. Ya, okay, la señorita quizás (y sólo quizás) sí tiene un interés real por hacer algo productivo para la comunidad, mas termina convirtiéndose en una carga extra para los voluntarios que realmente se sacan la cresta trabajando de verdad. Porque simplemente esta chica no sabe cómo armar una mediagua. Querámoslo o no, termina siendo un estorbo, y en ocasiones, hasta un peligro. Porque si yo fuera parte de la familia damnificada que esperó un día completo para que la niña terminara de clavar una unión de maderas, y veo que no entiende de construcción, voy a sentirme total y completamente insegura dentro de esa mediagua. Pero bueno, ¿qué vamos a hacer, si la chica quiere ayudar? Y la respuesta es fácil: Buscarle una pega que ella sepa hacer, en un voluntariado acorde a sus intereses!
En lo personal, no sé absolutamente nada de materiales de construcción, así que preferiría quedarme escribiendo en el blog, en mi casa que ser un cacho para el resto. Pero viendo que soy más hábil en otras áreas, como por ejemplo el trabajo con niños, el arte, la comunicación, la danza, busco el modo de aportar a la comunidad en ésos ámbitos.
Y si alguien dice que mi aporte es inútil o innecesario, sinceramente creo que se merece una golpiza. En estos tiempos complejos, todo se vuelve indispensable. Y de modo especial, la necesidad de recreación. A veces, la gente que te recibe, damnificada o no, se conforma con que le roben una sonrisa para sentirse aliviada, comprendida y apoyada. Una mamá agradece infinitamente que en un momento como el que estamos viviendo, su hijo se ría como antes de la catástrofe, o poco a poco empiece a dejar atrás los malos momentos vividos. ¿Quién dice que es tarea fácil? Al contrario, regalar alegría luego de un terremoto, se vuelve la tarea más compleja con la que puedes involucrarte para trabajar de voluntaria. Lo rico es que además la satisfacción de la misión cumplida es una inyección anímica tanto para quien entrega como para quien recibe, y deja el corazón de un voluntario de verdad hinchado de felicidad, cuando ayuda en lo que le gusta.

19 de marzo de 2010

Bienvenida realidad.



Aunque sorprenda, esta vez seré breve con lo que tengo que decir. ¿El motivo? Es simple, pasé más de dos semanas sin internet, tiempo en el cual ya muuuuchos describieron con lujo de detalles todo lo relativo al desastre natural (o anti-natural?) que devastó a nuestro país...

El hecho es el siguiente:
Un mega terremoto desnuda la personalidad de los individuos, y remueve la pintura que se le pone a toda obra humana. A menudo, agrieta y derrumba las estructuras sobre las cuales se han construido esas obras.
El cataclismo del 27/2 nos demostró que Chile es mucho menos de lo que todos creíamos: Desnudó la falta de liderazgo de las autoridades de turno, la incapacidad de tomar decisiones, la publicidad engañosa que nos convenció de ser un país "conectado", la incompetencia de las empresas que lucran administrando -en algunos casos vía concesiones- las carreteras, la telefonía, el agua potable y la generación y distribución de energía eléctrica, por mencionar sólo algunas. Nos creíamos un pueblo educado en civilidad y respeto a los derechos humanos, nos auto-denominábamos los "Jaguares de Sudamérica". Pero nada era verdad.

Independiente de los juicios valóricos que podría hacer de todo aquello que la mitad de Chile tuvo que vivir, y que quizás más adelante me dedique a escribir en este lugar, creo que lo que se viene es una misión compleja, pero linda y ultra relevante. Reconstruir nuestro país y reconstruirnos también como cuerpo social.

Estamos viviendo en un ambiente inquieto por las constantes réplicas, pero es hora de superar los temores y pensar en aquellos que esperan algo más de nosotros. Me refiero a las autoridades políticas y civiles principalmente; a todas ellas que tienen grupos humanos bajo su dependencia. Es un llamado a que los servicios que cada uno pueda otorgarle a su comunidad se convierta no sólo en un aporte a la reconstrucción, sino que también podamos convertirlo en un proceso de aprendizaje, para que cuando finalmente ganemos la batalla contra los estragos de la naturaleza, podamos sentir el alma llena de esperanza en el futuro. En el propio, en el de nuestra patria, en el del mundo.