
Sí. Post-terremoto, "Voluntaria/o" es la palabra que la lleva. Todos, o casi todos, quieren ir a meterse a ayudar a algún lugar. No lo critico, encuentro que es una buena actitud y que por ahí se empieza. Lo que no me agrada es que muchos lo hagan sólo por aparentar, por el qué dirán, o para salir a pasear y ver cómo es la devastación completa en vivo. Es ahí cuando me ofusca la gente. Porque muchos de los llamados voluntarios no lo hacen porque les nazca extender su mano a quien lo necesita, sino que en realidad sólo se auto-ayuda a el mismo, subiéndose el ego y el estatus frente a los demás jactándose del "yo soy/fui voluntario durante el terremoto".
Pero la realidad del mundo del voluntariado es extremadamente opuesta. Nada de esto es un juego. Es una pega como cualquier otra, con la única diferencia que no hay remuneración de por medio. O bueno, quizás sí hay un pago. "Su sonrisa es mi sueldo", como dicen los clowns, se vuelve la frase más llenadora del mundo. Y el hecho de que no me paguen, de que cada voluntario se traslade por sus propios medios e invierta su tiempo para entregárselo a los demás, hace que muchos de estos "voluntarios pintamonos" duren menos de un par de días cumpliendo su labor.
Lo otro que me cae realmente mal respecto a este tema es que estos chicuelos que aparentan ser voluntarios ni siquiera busquen una actividad apropiada a ellos mismos para intentar ayudar. A modo de ejemplo: Una chica abc1, que ni siquiera sabe utilizar un martillo y que le tiene asco al polvo, va a alistarse con un grupo de chicos de "Un techo para Chile", con el fin de construir casas. Ya, okay, la señorita quizás (y sólo quizás) sí tiene un interés real por hacer algo productivo para la comunidad, mas termina convirtiéndose en una carga extra para los voluntarios que realmente se sacan la cresta trabajando de verdad. Porque simplemente esta chica no sabe cómo armar una mediagua. Querámoslo o no, termina siendo un estorbo, y en ocasiones, hasta un peligro. Porque si yo fuera parte de la familia damnificada que esperó un día completo para que la niña terminara de clavar una unión de maderas, y veo que no entiende de construcción, voy a sentirme total y completamente insegura dentro de esa mediagua. Pero bueno, ¿qué vamos a hacer, si la chica quiere ayudar? Y la respuesta es fácil: Buscarle una pega que ella sepa hacer, en un voluntariado acorde a sus intereses!
En lo personal, no sé absolutamente nada de materiales de construcción, así que preferiría quedarme escribiendo en el blog, en mi casa que ser un cacho para el resto. Pero viendo que soy más hábil en otras áreas, como por ejemplo el trabajo con niños, el arte, la comunicación, la danza, busco el modo de aportar a la comunidad en ésos ámbitos.
Y si alguien dice que mi aporte es inútil o innecesario, sinceramente creo que se merece una golpiza. En estos tiempos complejos, todo se vuelve indispensable. Y de modo especial, la necesidad de recreación. A veces, la gente que te recibe, damnificada o no, se conforma con que le roben una sonrisa para sentirse aliviada, comprendida y apoyada. Una mamá agradece infinitamente que en un momento como el que estamos viviendo, su hijo se ría como antes de la catástrofe, o poco a poco empiece a dejar atrás los malos momentos vividos. ¿Quién dice que es tarea fácil? Al contrario, regalar alegría luego de un terremoto, se vuelve la tarea más compleja con la que puedes involucrarte para trabajar de voluntaria. Lo rico es que además la satisfacción de la misión cumplida es una inyección anímica tanto para quien entrega como para quien recibe, y deja el corazón de un voluntario de verdad hinchado de felicidad, cuando ayuda en lo que le gusta.