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4 de diciembre de 2010

Abre los ojos, Chile


" La rehabilitación es un deber del estado de Chile, y un derecho inherente de las personas con discapacidad"

(Ley 19.284 para la Plena Integración Social de las Personas con Discapacidad)



ANALICEMOS:
- En Chile, hay 2,5 millones de personas discapacitadas.
- El 97% de los niños discapacitados nunca ha recibido atención integral de salud.
- El 90% de los discapacitados en edad de trabajar está cesante.

POR OTRA PARTE:
- Mario Kreutzberger se lleva el 5% del total de las recaudaciones de la Teletón, por míseras 27 horas de trabajo.
- Otro 25% sirve para pagar a los animadores y figuras televisivas que "solidarizan" con la causa. ¿O creyó usted que trabajaban por bolitas de dulce?
- Un F-16 equivale a nada menos que ¡8 Teletones!
- Tras "30 años de amor", parece extraño que la Teletón no sea autosustentable aún.
- El objetivo de la Teletón es brindar las herramientas para que sus pacientes puedan ser autovalentes y capaces de llevar una vida normal. Sin embargo, durante la campaña, usan sus historias como márketing en base a la lástima, y los perfilan en ellas como personas carentes, casi inútiles y dependientes.
- Las empresas "comprometidas" con esta causa, aumentan sus ingresos durante el tiempo de publicidad previa a la Teletón en un 63%. Sin recurrir a ello, con el 2% de las ganancias de un mes, podrían juntar suficiente dinero para entre todas doblar o incluso triplicar la meta.


Si cada una de las transnacionales y los grupos económicos de este país aportasen el 1% de sus utilidades, tendríamos para cubrir con creces las necesidades de todos quienes recurren a la Teletón, a la vez que se podrían solucionar muchas de las grandes falencias nacionales.

Sumemos ahora a ello que el Chile actual se basa en que se debe pagar por todo. Pero es necesario aclarar que la salud es un derecho humano fundamental, por lo que no hay razón alguna para que debamos pagar tan altísimos costos por un tratamiento médico (y los remedios, terapias y todo lo demás que ello implica). La Teletón por tanto reafirma la ELITIZACIÓN de la salud, aprobando el enriquecimiento de quienes comercian con la vida, esos que nos cobran por estar sanos, y que se enriquecen también con las grandísimas cifras que se recaudan en base a los discapacitados.

En cierto modo, todos somos culpables de que las cosas sigan tal cual como están. Porque la débil e inconsciente noción de solidaridad del chileno promedio consiste en creer que la única forma de ayudar a las personas con capacidades especiales es donando y recolectando dinero para su rehabilitación, tratamiento, apoyo educacional, o sea cual sea la necesidad que ellos requieran. Así, todos se sienten buenas personas donando un poco de plata durante los dos días que dura la cruzada, pero sin poner cuidado en que son completamente indiferentes a la realidad de lo que ven los otros 363 días del año.

Un incremento moderado de impuestos, un sistema público eficiente, y ciudadanos más críticos, reflexivos y responsables de su rol fiscalizador, puesto que somos los "financistas" de "todos" los servicios públicos y privados, permitiría eliminar la necesidad de "colectas" simples o vistosas para ayudar a mucha gente que por sus propios medios no pueden enfrentar dificultades mayores. La verdadera caridad parte desde el cómo trabajamos, el cómo fiscalizamos, el cómo nos relacionamos entre nosotros y las cosas. No es posible que cada cual se arregle con sus problemas, hay problemas que superan los recursos de una familia, y para esto es que un Estado debe estar dispuesto a colaborar sin restricciones, y ese Estado somos todos nosotros. La caridad es estar dispuesto a aportar mensualmente una parte de lo que gano para ese fondo común, es usar esos fondos responsablemente, es transparentar cada detalle el uso de esos fondos.



"Un fin NOBLE debe tener medios CLAROS y HONESTOS"
(Gladys Marín)



Honestamente, a todos los responsables de que sigamos viviendo en un Chile con las falencias del actual, debería darles verguenza. En lo personal, ya no se tolera la verguenza ajena.

23 de junio de 2010

Usted NO lo haga.


EN DEFENSA DE LA NARIZ.

Hoy fue el día de ver gente que "usa" nariz de payaso. Ahora las cuestiones ni siquiera son rojas, sino que hay varieté de colores para todos los gustos. Y está bien, cada clown (teatral, hospitalario, o en su defecto, payaso de circo) va a tener una nariz del color que su personalidad le dicte. Sin embargo, a medio mundo le dio por ponerse las benditas narices... ¡Como si fuera una polera cualquiera!

Se sabe que el Clown , aunque vaya en auge, sigue estando aun poco masificado; por ello, es comprensible que la gente que no sabe del tema, por ignorancia, crea que ponerse narices de payaso para pasear por la calle/sacarse fotos/hacer malabares les da un toque más simpático. Craso error.
Me importa un reverendo comino (intento ser suave; no quiero usar malas palabras en mi blog) que las narices de payaso sean la última moda... simplemente apelo a que NO son adminículos de adorno; por ende, SI USTED NO SABE DE SER PAYASO, ni de la dificultad técnica y emocional que ello acarrea, ¡NO USE NARIZ!

Porque no es cualquier cosa. Pero claro, como usted no es clown ni sabe nada de ello, no entiende.

Procedo a explicarle:
La nariz es una máscara, la más pequeña del mundo. Usarla abre las puertas a un universo paralelo, donde todo está permitido. Un mundo al que no es simple llegar, ya que implica dejar atrás todas las trabas personales que tenemos, y convertirlas en algo provechoso para nosotros mismos y para los demás. Es parte de un proceso interior, bastante complejo pero mágico y hermoso. Ponerse la nariz tiene por objetivo emplearla para hacer clown, en cualquiera de sus variedades.
Y la labor de un payaso merece el mismo respeto que cualquier otra. O acaso a usted, señor médico, ¿le agradaría que cualquier persona que no ha estudiado los siete años necesarios para ejercer dijera "soy médico" por el solo hecho de vestir una bata blanca? O a usted, señorita profesora, ¿no le molesta que gente que no sabe de pedagogía ni de técnicas de enseñanza se digne a auto-denominarse profesor sólo por tener habilidades en determinada área?

Me dijo una vez, alguien que lleva muchos años de su vida dedicado a clownear, así como también a la formación e investigación en este rubro: "Todas las personas somos Clowns potenciales. En el interior de cada uno de nosotros, se esconde un Clown deseoso por salir a comunicarse. Pero mientras permanezca en las tinieblas de nuestros conflictos internos, y mientras no comiences en el camino de la búsqueda de tu payaso interior, ponerte tu pequeña máscara roja no tiene sentido. Es más, hasta te hace ver ridículo, pues no sabes como utilizarla del modo correcto, y porque todavía no ha aflorado de ti ningún Clown. Es como usar zapatillas de ballet sin saber siquiera bailar".

En pocas palabras y a modo de resumen:
¿Es usted CLOWN?

Si su respuesta es NO, pues entonces ¡SÁQUESE INMEDIATAMENTE ESA NARIZ DE PAYASO! Entienda que NOS OFENDE. Peor aun, SE OFENDE A USTED MISMO(A).

23 de febrero de 2010

El valor de lo casi-imperceptible.


Cuando le conté a mi papá que me hice un blog, lo primero que dijo fue "espero que le sirva de algo al mundo", o una frase por el estilo. Quizás es su particular modo de motivarme a seguir adelante con esta loca idea. O al menos, eso espero.


Y la verdad, la mayoría de la gente aspira a hacer algo que contribuya al mundo, pero creen que para ello es necesario hacer siempre grandes actos, o dar grandes ideas, o crear grandes proyectos, o hacer grandes inventos, o qué sé yo. Puede ser que justo por eso, por el peso de soñar tan en grande, finalmente muchos terminan haciendo nada. O al menos, creyendo que no lo hicieron.

Para mí, en cambio, la vida funciona diferente. Mi peculiar visión de las cosas no implica necesariamente aquellos actos de grandeza que aludí en el párrafo anterior. Creo firmemente que son los pequeños detalles, esos casi involuntarios e imperceptibles detalles, los que inconscientemente pueden cambiar el mundo. En ocasiones basta una conversación sin mucho sentido, para que afloren mágicas ideas en la cabeza de las personas. Basta una diminuta motivación para dar a conocer esa idea. Basta que el receptor de la información procese, comprenda y comparta (o discuta, ambos sirven) la idea en cuestión, para que poco a poco se intercambien opiniones respecto a cualquier cosa. Es decir, una retroalimentación. O acaso usted, señor lector, nunca ha hecho propia una frase que nació producto de una conversación con otra persona? O una frase que escuchó de otra persona?

Se preguntará, quizás, a donde voy con todo esto. No pierda la calma, este es mi blog y tengo todo el derecho a irme por las ramas tanto como considere necesario.

Pues bien, voy a que, a mi modo de ver las cosas, la vida misma se basa en un constante intercambio de información. De ese modo, basta sencillamente que nuestro interlocutor emita un comentario que nos parezca coherente y/o interesante, para que se haga un “click” en nuestras cabecitas. Y con ello, nos genere inmediatamente una nueva visión del mundo.


Hace un par de meses atrás (y con esto explico lo que vengo diciendo), le comenté a alguien que quiero mucho que “No sé de donde apareció gente tan mala en mi población. Y me tienen hastiada, porque causan daños o molestias a los demás sin mediar provocación alguna (…)” y ese alguien me respondió con un simple “pero la gente mala es necesaria en el mundo, porque si no existieran personas malas, no valoraríamos a la gente buena que nos rodea (…)”. La verdad, no recuerdo haber visto las cosas desde esa perspectiva, y me pareció tan, tan apropiado el comentario, que en cierto modo modificó mi visión de las cosas, y con ello, cambió una parte de mi mundo. Cuento ya tres ocasiones en que, en diferentes contextos, he recurrido a esa misma frase con otras personas, quienes me han hecho saber que aquellas palabritas generaron también un cambio en ellas. (Aclaro que la importancia de la frase en cuestión adquiere relevancia por el valor no-tan-literal del mensaje).

Así, sumando, llego a la conclusión que ese pequeño detalle, al re-transmitirse, al pasar de boca en boca y ser recibido como un mensaje significativo, va cambiando la visión de diferentes personas. Y de paso crea una reacción en cadena al transformar una pequeña parte de cada mundo individual al que llega.

En ocasiones una palabra de aliento, o una palabra de afecto, o una disculpa, o una palabra de comprensión, o incluso un leve gesto, puede cambiar la forma de ver la vida de alguna persona.


¡Abrámosle paso a las pequeñeces, ellas al sumarse pueden crear algo grande también!